Toque de queda indefinido en Lirquén: Una medida incomprensible en medio de la tragedia total 

¿Cómo se «resguarda la vida» de las personas si se les impide circular libremente en el momento en que más necesitan apoyo externo y flexibilidad para reconstruir sus vidas? La medida, aunque justificada en términos de seguridad y diligencias investigativas, parece insensible ante el dolor inmenso de una comunidad que ya ha pagado un precio altísimo.

La pequeña localidad de Lirquén, en la comuna de Penco, en la Región del Biobío, ha sido prácticamente arrasada por los voraces incendios forestales que desde el fin de semana han dejado un saldo devastador: al menos 19 personas fallecidas, cifra que podría aumentar, además de cientos de viviendas destruidas y miles de damnificados. Reportes preliminares indican que cerca del 80 por ciento del sector habitado quedó reducido a cenizas, con familias que lo perdieron absolutamente todo, hogares, pertenencias, recuerdos y, en muchos casos, seres queridos.

Sin embargo, en lugar de priorizar la contención del fuego, la entrega inmediata de ayuda humanitaria y la libertad de movimiento para que los sobrevivientes puedan reorganizar sus vidas, las autoridades han impuesto un toque de queda total e indefinido en Lirquén, vigente desde las 19 horas de ayer domingo 18 de enero y sin hora de término anunciada. Mientras en comunas vecinas como Penco, Nacimiento y Laja la restricción es nocturna (de 20 a 6 horas), en Lirquén, la medida es 24/7, convirtiendo el pueblo en una zona de acceso restringido permanente.

Las explicaciones oficiales señalan que esta decisión busca facilitar las labores de emergencia, resguardar el orden público, prevenir saqueos y principalmente, permitir el desarrollo sin interrupciones de una operación de rastrillo por parte de equipos forenses, Fiscalía, PDI, SML y Fuerzas Armadas para localizar posibles víctimas adicionales entre los escombros.

El gobernador regional, Sergio Giacamán, ha enfatizado que se trata de una «urgencia humanitaria y sanitaria» para encontrar a quienes fallecieron en el avance del fuego. ¿Pero dónde quedan las necesidades básicas de los sobrevivientes? Las personas que han perdido sus viviendas no pueden quedarse en ellas, ya que no existen. Muchas están en albergues improvisados, con familiares en otras comunas o incluso en vehículos y espacios públicos.

En situaciones de catástrofe como esta, los damnificados necesitan movilidad, salir para buscar ayuda, reunirse con seres queridos, gestionar trámites de emergencia, acceder a víveres, medicinas o simplemente respirar aire fresco lejos de la zona de desastre para recomponer mínimamente su salud mental y física tras el trauma.

Imponer un toque de queda indefinido y total en un lugar donde «no quedó nada parado», genera indignación y desconcierto entre vecinos y observadores.

¿Cómo se «resguarda la vida» de las personas si se les impide circular libremente en el momento en que más necesitan apoyo externo y flexibilidad para reconstruir sus vidas? La medida, aunque justificada en términos de seguridad y diligencias investigativas, parece insensible ante el dolor inmenso de una comunidad que ya ha pagado un precio altísimo.

Las autoridades han mencionado la posibilidad de entregar salvoconductos para circular por motivos justificados, pero en la práctica, esto añade burocracia y demoras en un contexto donde cada hora cuenta.

El Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe decretado por Gabriel Boric permite el despliegue militar y medidas excepcionales, pero también exige sensibilidad y proporcionalidad.

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