
El Niño suele traducirse en precipitaciones superiores al promedio, concentradas en lapsos breves, lo que aumenta el riesgo de anegamientos urbanos, desbordes de esteros y ríos, y deslizamientos de tierra, especialmente en sectores rurales y precordilleranos.
El actual escenario climático comienza a mostrar un giro relevante para el centro-sur de Chile, y particularmente para La Araucanía, de cara al otoño de 2026. Tras un periodo dominado por La Niña, los principales modelos apuntan a una transición hacia un evento El Niño, fenómeno que históricamente ha tenido impactos significativos en esta zona del país.
Para regiones como La Araucanía, Biobío y Los Ríos, El Niño suele traducirse en precipitaciones superiores al promedio, concentradas en lapsos breves, lo que aumenta el riesgo de anegamientos urbanos, desbordes de esteros y ríos, y deslizamientos de tierra, especialmente en sectores rurales y precordilleranos.
En ciudades como Temuco, el impacto de lluvias intensas no es un tema menor. El colapso del sistema de evacuación de aguas lluvias, calles inundadas y barrios históricamente afectados, vuelven a quedar en evidencia cada vez que se registran eventos de alta intensidad, dejando en entredicho la capacidad de anticipación de las autoridades.
El fenómeno también podría traer temperaturas otoñales más altas de lo normal, mayor humedad ambiental y una prolongación de las lluvias hacia meses donde normalmente comienzan a disminuir.
En el ámbito agrícola, esto implica riesgos para cultivos, caminos rurales y faenas, especialmente en una región donde la producción silvoagropecuaria es clave para la economía local.
Especialistas advierten que el problema no es únicamente El Niño, sino la falta de planificación estructural frente a eventos climáticos cada vez más extremos, potenciados por el cambio climático.
La historia reciente del centro-sur muestra que las emergencias se repiten año tras año, con diagnósticos conocidos, pero soluciones que siguen postergándose.
Aún, cuando la intensidad final del fenómeno no está completamente definida, el mensaje es claro: La Araucanía enfrenta un otoño 2026 que podría ser complejo, y la preparación anticipada marcará la diferencia entre prevención o crisis.