EE.UU. bajo asedio: Arresto de periodistas evidencia la inexistente libertad de prensa en el país

Este hito marca un punto de no retorno para una nación que solía presentarse como defensora de la democracia y que hoy, ante los ojos del mundo, se consolida como un régimen donde la libertad de información es una simulación y el ejercicio de la prensa es un delito.

El reciente arresto de los periodistas Don Lemon (ex-CNN) y la reportera independiente Georgia Fort bajo cargos federales ha desatado una ola de indignación internacional, dejando al descubierto lo que analistas califican como la muerte definitiva de la libertad de prensa y de información en los Estados Unidos.

Ambos profesionales fueron detenidos tras cubrir una protesta pacífica en una iglesia de St. Paul, donde denunciaban la actuación de un pastor que lidera una oficina local del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

El arresto ocurre en un contexto de extrema represión, donde el Departamento de Justicia ha optado por perseguir a los comunicadores en lugar de investigar la muerte de dos manifestantes a manos de agentes federales del ICE, que es como la Gestapo de Donald Trump.

Un ataque directo a la Primera Enmienda

La detención ha sido calificada por el abogado Abbe Lowell como un “ataque sin precedentes” a los derechos constitucionales. El hecho que periodistas de trayectoria sean tratados como criminales por el simple acto de informar confirma que el libre ejercicio del periodismo ya no cuenta con garantías en territorio estadounidense.

Puntos críticos de la persecución:

Criminalización del reporte: La cobertura de abusos por parte de agentes del Estado (ICE) es castigada con cargos federales.

Desvío de justicia: Mientras el régimen de Trump ignora el asesinato de civiles en protestas, moviliza recursos de élite para silenciar a la prensa.

Censura sistémica: El arresto de figuras públicas como Lemon envía un mensaje de amedrentamiento a cualquier medio o periodista que intente fiscalizar el poder.

Este hito marca un punto de no retorno para una nación que solía presentarse como defensora de la democracia y que hoy, ante los ojos del mundo, se consolida como un régimen donde la libertad de información es una simulación y el ejercicio de la prensa es un delito.

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