
Con motivo del Día Nacional de la Prensa en Chile, que se conmemora cada 13 de febrero en recuerdo de la aparición de La Aurora de Chile en 1812, primer periódico que abrió las puertas al debate público y a la libertad de expresión en nuestro territorio, publicamos esta reflexión crítica. Porque honrar esa fecha no es solo celebrar un hito histórico, es exigir que el Periodismo actual cumpla con su misión fundacional de incomodar al poder, no de servirlo.
Temuco se consolida como un polo importante de formación periodística en el sur de Chile. Las escuelas de Periodismo de la ciudad prometen formar profesionales críticos y éticos, pero detrás de las mallas curriculares, las pasantías tempranas y los énfasis en “gestión informativa” o “comunicación institucional” se esconde una realidad mucho más oscura. En muchos casos, estas instituciones parecen diseñadas para producir periodistas serviles, marionetas de un sistema que valora la obediencia al poder por sobre la búsqueda implacable de la verdad.
El periodismo no se reduce a redactar hechos noticiosos con corrección técnica para alimentar los medios tradicionales y conservadores que dominan la Región. Enseñar a escribir bajo ese molde no es un ejercicio neutral, es adiestrar a los futuros comunicadores en narrativas complacientes, donde la elite económica y política marca el tono y los límites del relato.
¿Cuántos egresados terminan reproduciendo silencio frente a las violencias contra el pueblo mapuche, la depredación ambiental o la corrupción local?
El riesgo es claro, convertir a los alumnos en engranajes de un sistema opresivo, donde el éxito profesional se mide por la proximidad al poder y no por la valentía de confrontarlo.
Alá Diario Austral
Un episodio histórico desnuda esta sumisión desde los primeros pasos. En la extinta Universidad de Temuco, allá por mediados de los años 90, a los novatos o mechones se les llevaba hasta las puertas de un medio emblemático de la zona, en calle Varas. Allí, en un ritual que parodiaba devociones del Medio Oriente, se les obligaba a repetir: “Alá, Diario Austral… Alá, Diario Austral”.
Lo que podría parecer una broma absurda de bienvenida era, en realidad, una lección temprana de servidumbre. Desde el primer año se inculcaba la lealtad al gran medio que simbolizaba el control informativo de la zona.
No era inocente; era el comienzo de un adoctrinamiento para que el periodismo se convirtiera en eco dócil de las voces dominantes.
Estudiantes de Periodismo, no caigan en esa trampa. Sean críticos, incomoden al poder, cuestionen a la elite, aunque sus profesores, muchos formados en el mismo molde, incluso muchos de ellos adiestrados en la ya inexistente Universidad de Temuco, digan que eso no es “profesional” o que rompe con las “buenas prácticas”.
La academia les repetirá que la neutralidad es la virtud suprema, pero la esencia real del periodismo está en desequilibrar, en sacar a la luz lo que el establishment quiere ocultar.
Cuidado especialmente con esa falacia que se enseña hoy en día en las aulas… que la “verdad” no existe, que todo es subjetivo y depende de quién la narre. Eso es un engaño deliberado para diluir responsabilidades y justificar manipulaciones.
Estudiantes de Periodismo, la verdad sí existe, es objetiva y debe perseguirse con rigor y sin miedo.
Sí es verdad que Israel ha sido acusado por organismos internacionales de cometer actos genocidas y masacrar al pueblo palestino, con miles de civiles muertos en operaciones documentadas. Sí es verdad que se han fabricado montajes para inculpar al pueblo mapuche, como en casos de “falsos positivos” en operativos policiales en La Araucanía. Sí es verdad que Donald Trump impulsó políticas racistas y persecutorias contra latinos, a través de su agencia ICE, calificada por muchos como una “Gestapo” moderna por sus redadas y deportaciones masivas.
Sí es verdad que durante el gobierno de Piñera, en el estallido social de 2019, se violaron sistemáticamente los Derechos Humanos, según informes detallados de Amnistía Internacional y la ONU que documentan represión, torturas y muertes.
Futuros periodistas, cuando lleguen a un punto de prensa, no se conformen con el discurso oficial de la autoridad. Contrapregunten, insistan, incomoden hasta que la máscara se caiga. Recuerden las funas históricas, como aquella de 2015 contra medios regionales que fueron denunciados por su sesgo y manipulación informativa.
Intenten crear sus propios medios de comunicación. Usen las redes, los podcasts, los blogs, los newsletters, para dar voz a lo que los grandes medios silencian.
Cuestionen lo que la academia presenta como “verdad absoluta”; investiguen más allá de las aulas y las pasantías controladas.
El periodismo no es un puesto seguro en un medio conservador; es un arma de transformación social.
En un Chile, donde la libertad de expresión todavía enfrenta censuras sutiles y presiones económicas, sean los rebeldes que el sistema teme. Solo así las escuelas de Periodismo en Temuco dejarán de ser fábricas de marionetas y se convertirán en semilleros de verdaderos guardianes de la verdad.
¡Feliz Día Nacional de la Prensa! Que esta fecha nos recuerde no solo el origen, sino el deber permanente de ser incómodos, libres y veraces.