
La familia Olivera Vivero no solo llora a una hermana; denuncian un abandono estatal que convierte a los pacientes psiquiátricos en sombras invisibles hasta que terminan en el asfalto.
La noche del 23 de diciembre, mientras el país se preparaba para la Navidad, la oscuridad consumía a la familia Olivera Vivero. Dabiana, de 32 años, una mujer atrapada entre la depresión severa, el ruido insoportable de un entorno hostil y la carga de cuidar a padres que apenas podía sostener, tomó una decisión fatal: caminó hacia la Ruta 5 y se lanzó frente a un camión. Su muerte fue instantánea, pero su final comenzó mucho antes, en los pasillos de un sistema de salud que, según denuncia su familia, le cerró la puerta cuando más gritaba por ayuda.
Una carga impuesta y un entorno tortuoso
Hace cuatro años, una decisión judicial cambió el destino de Dabiana. A pesar de su historial de depresión y una relación conflictiva con su madre, a quien en el pasado intentó quitarle la vida, el tribunal determinó que ella debía ser la cuidadora de sus padres en Villa Las Palmeras en Máfil.
Luisa Olivera, hermana de la víctima, relata cómo el entorno se volvió una celda: ruidos estridentes y música incesante de vecinos que ignoraron sus ruegos, llevando a Dabiana al colapso.
La negligencia vestida de bata blanca
El 12 de diciembre, la desesperación llevó a las hermanas al CECOSF de Máfil. Dabiana, consciente que su mente se quebraba, solicitó una hospitalización voluntaria. La respuesta del médico fue una sentencia de muerte disfrazada de calma: «No es necesario, se ve bien».
«La psicóloga nos sugirió denunciarla para criminalizarla, pero nosotros buscábamos sanarla, no encarcelarla», relata Luisa con amargura. El sistema ignoró las señales de alerta: incendios provocados en crisis anteriores y un diagnóstico de depresión severa que ya no aguantaba más paliativos.

Una última noche de horror
La madrugada del 23 de diciembre reveló el nivel de abandono. Antes de salir hacia la carretera, Dabiana dejó un rastro de desesperación en su habitación: decenas de cigarrillos consumidos y cajas vacías de sertralina.
En un último y trágico episodio de su enfermedad, se sospecha que intentó llevarse a su madre con ella, administrándole una dosis casi letal de insulina que dejó a la anciana al borde del coma hipoglicémico.
Minutos después, Dabiana cumplía su presagio bajo las ruedas de un camión.
Un llamado a la justicia y la crítica al Gobierno
Hoy, Luisa Olivera apunta directamente al sistema de salud local y a las promesas incumplidas del Ejecutivo. «El gobierno de Boric prometió que la salud mental sería una prioridad, pero hoy está peor que nunca. A mi hermana la dejaron morir», sentencia.
La familia Olivera Vivero no solo llora a una hermana; denuncian un abandono estatal que convierte a los pacientes psiquiátricos en sombras invisibles hasta que terminan en el asfalto.
Qué doloroso. Mis condolencias a la familia y a quienes la quisieron. Ojalá este caso sirva para que nadie más quede sin atención oportuna en salud mental.