Decadencia en el escenario: El bochornoso espectáculo de Arturo Ruiz-Tagle en Puerto Montt

El espectáculo se tornó oscuro cuando el “comediante”, superado por sus propias carencias, comenzó a lanzar ataques ideológicos y gestos obscenos (el ya rancio «Pato Yáñez»), acusando a quienes lo abucheaban de «comunistas» y ese gastado argumento facho de enviarlos a Cuba.

Lo que debía ser una fiesta del humor en el Festival Capital Puerto Montt 2026 se transformó en un ejercicio de masoquismo escénico y falta de oficio. El “comediante” Arturo Ruiz-Tagle protagonizó uno de los episodios más deplorables de la temporada, demostrando no solo un guion oxidado, sino una incapacidad patológica para manejar la frustración ante el rechazo de un público que, simplemente, no encontró la gracia por ninguna parte.

La presentación de Ruiz-Tagle, quien antecedía al artista urbano Sinaka, fue un naufragio desde el primer minuto. Ante la evidente falta de conexión y las sonoras pifias, el “humorista” abandonó cualquier pretensión de profesionalismo para sumergirse en un comportamiento pueril e imbécil. En lugar de intentar revertir la situación con talento, optó por la agresión directa, desafiando a los asistentes con un irónico «Pifien más fuerte, ¿a ver?».

Este nivel de precariedad argumental deja en evidencia a un mal llamado artista agotado, incapaz de entender que la soberbia no es un sustituto del remate de un chiste.

Este bochorno local sirve también para recordar que el mal humor no tiene fronteras. Si bien en el último tiempo se ha criticado duramente el estilo divisivo de figuras como el venezolano George Harris, la actuación de Ruiz-Tagle confirma que Chile no necesita importar mediocridad: tenemos un «monopolio» propio de humoristas decadentes que, ante el fracaso, culpan al público en lugar de revisar su paupérrimo material.

Ruiz-Tagle terminó su presentación de la forma más inconexa posible, lanzando consignas políticas sobre el aborto ante un público que solo quería escucharlo irse. Una noche que sella su irrelevancia y pone de manifiesto que el manejo de la frustración es, hoy por hoy, una asignatura pendiente para la vieja guardia del humor nacional.

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