El agua como derecho fundamental

Por Alex Hormazábal Muñoz.

Estudiante de Pedagogía en Historia, Geografía y Ed. Cívica.

 

El pasado viernes 22 de marzo se celebró el Día Internacional del Agua, motivo para que los movimiento sociales nuevamente salieran a la calle. Una manifestación fuera de Aguas Andinas y en diversas regiones de nuestro país que gritan al unísono una sola consigna: “No a la privatización del agua”.

Lamentablemente estas hace rato están en manos de los empresarios y privados, donde en este proceso de implantación del neoliberalismo en Chile bajo el soporte de la dictadura de Pinochet, fueron generando el escenario propicio para que esto sucediera. Cabe destacar que los gobiernos de la Concertación son los que han profundizados estas políticas y el Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle terminó por conceder grandes cuotas de agua a los empresarios.

Ya desde el año 2011 a la fecha, se han levantado varias organizaciones sociales que buscan la defensa y nacionalización de este recurso tan vital. Esto se agudizó cuando en Santiago -durante el verano- se produjeron los cortes de aguas llegando incluso en algunas comunas a estar 48 horas sin el vital elemento, donde la empresa Aguas Andinas S. A. no dio respuesta alguna ni menos pensar en indemnizar por el corte inesperado. Esto, tan poco cotidiano para los habitantes de la zona central del país, lo tienen que vivir a menudo los habitantes de la zona norte del país, donde las grandes mineras ocupan la mayor cantidad de agua (muchas veces de manera ilegal), y la poca agua que llega a los ciudadanos es de muy mala calidad, provocando enfermedades de distinta índole a la población.

La ciudadanía cada vez más participativa y activa, exige ser parte de un debate inexistente hasta el momento, donde planifiquemos nuestro uso del agua, donde lo cuidemos y lo hagamos sustentable en el tiempo y las decisiones no pasen sólo en manos del lobby político, entre los jefes de bancadas en el Congreso nacional junto a los empresarios y el famoso hombre del “maletín”; cuestiones como el dominio del agua, el cuidado de las cuencas hidrográficas o la estatización del agua son temas que debemos llevar a la palestra y luchar desde cada trinchera para tener injerencia en estas decisiones.

Es aquí donde nos encontramos entre la disyuntiva del cómo entender este bien tan preciado, sólo lo vamos a limitar a un negocio muy lucrativo y que está en manos de los privados que hacen y deshacen a su antojo relegando cada vez más al derecho al agua que tiene la población, generando esta lucha entre los derechos públicos y privados.

Este es un nuevo elemento de porqué necesitamos un nuevo Chile, del porqué debemos creer que otro Chile es posible, debemos redefinir y de manera democrática la línea de lo que le corresponde al poder privado y cuál debe ser el rol del Estado en casos como estos y cuáles deben ser los derechos fundamentales que debe garantizar el Estado, debemos repensar lo ilícito y lo licito a la hora de hablar de las ganancias (se me viene a la cabeza las grandes e inimaginables ganancias de las Isapres, pero ese será tema para una próxima columna), es hora del debate donde como ciudadanos no podemos quedarnos callados y luchar por cambios necesarios como este.

Llegó el momento que todos los chilenos y chilenas tomemos conciencia sobre el problema de la privatización, distribución, negociación que hay detrás de este derecho fundamental y darle el verdadero valor que tiene, como generador de la vida que hoy conocemos. Empecemos a hablar de soberanía, de derechos básicos garantizados por el Estado y finalmente del derecho a la vida digna de nuestro Pueblo.

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