El fin del gobierno de Gabriel Boric: ¿Transformación o el engaño más burdo desde el retorno a la democracia?

El fin del periodo presidencial de Gabriel Boric no es solo el cierre de un ciclo administrativo, es la culminación de uno de los engaños políticos más burdos de los que se tenga registro desde el retorno a la democracia.

Quien llegó a La Moneda bajo banderas de transformación profunda y promesas de justicia social, terminó consolidándose como el mandatario más de derecha que ha tenido el país en décadas, superando incluso agendas que sus antecesores no se atrevieron a tocar.

La velocidad con la que Boric se sacó la máscara fue pasmosa. Apenas asumió el cargo, las promesas de campaña que le permitieron ser electo quedaron en el olvido, revelando a un político de extrema derecha que utilizó la estética de la izquierda solo como un vehículo electoral.

Este giro no fue una moderación estratégica, sino una traición ideológica absoluta. Boric resultó ser un sujeto despreciable en su actuar público, alguien que vendió una identidad para luego gobernar bajo los preceptos más rígidos del conservadurismo económico y social.

Pero el problema no radica solo en su figura. Sus colaboradores y seguidores han demostrado ser de la misma tela. Se mueven con un fanatismo ciego, similar al de las «calcetineras» de la Nueva Ola chilena, pero con una carga política peligrosa.

No hay autocrítica, solo una adhesión irracional a un proyecto que traicionó sus propias bases.

En este escenario, surge una comparación inevitable con figuras como José Antonio Kast. Aunque se está en las antípodas de su pensamiento, hay un valor que en este gobierno que se va brilló por su ausencia: la autenticidad. Kast y sus adherentes son lo que dicen ser; no engañan sobre su hoja de ruta. Boric, en cambio, cimentó su poder sobre la falsedad.

A horas de su último día en el poder, el balance será desolador. Boric no será recordado como un reformador, sino como un político que traicionó la confianza ciudadana y que, por derecho propio, se quedará en el basurero de la historia.

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