
Con esto estamos frente a un acto de piratería internacional, sin precedentes recientes en América Latina: la captura forzada de un jefe de Estado en ejercicio por una potencia extranjera.
Lo ocurrido durante la madrugada marca un punto de quiebre histórico en la región. Diversos reportes y denuncias oficiales dan cuenta de una operación militar de Estados Unidos en territorio venezolano, acción que desde Caracas ha sido calificada como una invasión directa y una violación flagrante del derecho internacional.
Según el gobierno venezolano, en el marco de esta ofensiva fue secuestrado el presidente legítimo, Nicolás Maduro, junto a su esposa, Cilia Flores, siendo trasladados fuera del país por fuerzas de Estados Unidos.
Con esto estamos frente a un acto de piratería internacional, sin precedentes recientes en América Latina: la captura forzada de un jefe de Estado en ejercicio por una potencia extranjera.
No se trata de “defensa de la democracia”, ni de “lucha contra el crimen”, como intenta justificar Washington. Se trata de una agresión directa contra la soberanía de un pueblo, ejecutada con poder militar y desprecio absoluto por las normas que rigen la convivencia entre estados.
El trasfondo es tan antiguo como evidente: Venezuela posee enormes reservas de petróleo, gas y minerales estratégicos, recursos que históricamente han convertido al país en objetivo prioritario del apetito geopolítico estadounidense.
— raul kollmann (@tunykollmann) January 6, 2026
Cuando las sanciones, los bloqueos y la asfixia económica no bastan, el imperio vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: usar la fuerza, bombardear, crear golpes de estado.
Pero el mensaje no se limita a Venezuela. En un giro tan brutal como revelador, Donald Trump amenaza ahora y públicamente al Presidente de Colombia, Gustavo Petro, señalándole que “desde ahora cuide su trasero”, una expresión propia del lenguaje mafioso, no de la diplomacia internacional.
En la misma línea, Trump advirtió que México “podría ser el siguiente”, confirmando que esta ofensiva no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia de intimidación regional.
Lo insólito y profundamente alarmante es la normalización mediática de estas amenazas. Un presidente de Estados Unidos hablando como jefe de banda, amenazando mandatarios latinoamericanos, mientras secuestra a otro, y buena parte de la prensa internacional lo trata como una excentricidad más.
🇺🇸 Trump agita conflictos externos para tapar sus crisis internas:
— Canal Red América Latina (@CanalRedAmLat) January 4, 2026
el asalto al Capitolio, las audiencias judiciales y la sombra de los archivos Epstein. Distracción, poder y patriarcado al desnudo.
📺 SINSONTE | https://t.co/UkxjDRQw0A#Trump #EstadosUnidos #Imperialismo… pic.twitter.com/2k9Z8mwnai
América Latina ya conoce este libreto
Golpes de Estado, invasiones “preventivas”, presidentes derrocados, recursos saqueados y pueblos pagando el costo.
Hoy Venezuela está en la primera línea, pero el mensaje es claro: cualquier país que no se alinee, puede convertirse en objetivo.
Frente a este escenario, el silencio no es neutralidad: es complicidad. Lo que ocurre en Venezuela no es un asunto interno, es una agresión imperial que amenaza la soberanía de toda la región. Y la historia ha demostrado que cuando el imperio avanza sin resistencia, nunca se detiene en el primer país.