Franco Belmar, la emblemática voz de Temuco que se reinventa entre el micrófono y un inédito negocio regional

Este multifacético comunicador, con 25 años de trayectoria en Radio Bío Bío, es además actor, emprendedor, voluntario de Bomberos, influencer, animador de eventos masivos y ahora impacta con su innovador emprendimiento.

El reconocido comunicador e influencer local, Franco Belmar, una de las figuras más estables de la radiodifusión en La Araucanía, comparte los detalles de su extensa carrera profesional y el éxito de su nuevo proyecto comercial en la zona.

Estudió Periodismo en la extinta Universidad de Temuco, pero Belmar dio sus primeros pasos en el mundo de las comunicaciones a los 16 años, cuando comenzó de forma voluntaria contestando teléfonos en emisoras locales. Su perseverancia lo llevó rápidamente a conseguir espacios dominicales en diversas estaciones de amplitud modulada (AM) de la capital regional, incluyendo Radio Minería, Radio Nacional y Radio Cooperativa, consolidando desde muy joven una profunda vocación por el área.

Tras un exitoso paso por diversas estaciones, y luego de consolidar su carrera como locutor publicitario institucional, el comunicador se incorporó formalmente a las filas de Radio Bío Bío. En dicha casa radial ya registra una destacada trayectoria de 25 años al aire, transformándose en una de las voces de compañía fundamentales y más queridas por los auditores de la Provincia de Cautín y alrededores.

Sin embargo, la labor de Franco Belmar no se limita exclusivamente al plano periodístico. Su activo rol social y su versatilidad lo han llevado a desempeñarse como actor, influencer en plataformas digitales y voluntario del Cuerpo de Bomberos de la ciudad. A este amplio catálogo de actividades se suma hoy su faceta como empresario, tras detectar y levantar una necesidad única en el mercado regional: la fabricación artesanal de ataúdes diseñados especialmente para mascotas, una alternativa de sepultura digna que hasta la fecha no existía en la zona.

A través de un diálogo íntimo y reflexivo sobre el paso del tiempo, el valor de la madurez familiar y los nuevos desafíos del oficio en La Araucanía, el histórico locutor repasa las anécdotas que han marcado su bitácora en los micrófonos locales.

A continuación, presentamos la entrevista completa con Franco Belmar.

—¿Qué edad tienes… se te puede preguntar?

—Sí, me da lo mismo. Tengo 51 años y voy a cumplir 52 este año.

—¿Te sientes más viejo? ¿Te miras en el espejo y te encuentras más viejo?

—Fíjate que no me siento más viejo mirándome en el espejo, pero sí me siento viejo en algunas cosas. Específicamente cuando me toca compartir con la juventud, principalmente con colegas en la radio.

—¿O sea, tú ya no te ves parte de la juventud?
—No, ya no soy parte de la juventud. De hecho, aquí me bromean bastante porque me llaman “el histórico de la radio”. Llevo 25 años en la emisora, lo que es un gran honor, pero creo que he ido avanzando en el tiempo. De verdad, yo creo que hasta me he puesto medio andropáusico; de alguna manera estoy más sentimental, me emociono más rápido con las cosas. Ahora tomo las decisiones con mucha más madurez, cosas que antes habría hecho a lo loco, ahora las pienso dos o tres veces. Imagínate que hasta me piden recomendaciones; yo dando consejos (risas). Eso también es parte de la madurez y de sentirse mucho más adulto.

—Pero el «viejazo», en el mal sentido, ¿te da miedo o te ha llegado?
—No. Fíjate que el otro día conversaba con mi señora, Dorama Leal, sobre que ya estoy en los descuentos, porque no creo que vuelva a vivir otros 52 años más. Entonces el tiempo va restando. Me costó mucho entender las cosas después de la muerte de mi papá, que me afectó muchísimo; murió en julio del año pasado y ya va a cumplir un año. A él le dio un cáncer fulminante, le encontraron una metástasis y falleció a los 20 días. Tras su partida, empecé a plantearme la vida de otra forma. Al principio tenía sustos, pero ahora trato de disfrutar. Estoy viviendo una etapa muy linda con mi señora y con mis hijos, que ya no están en casa. Además, soy abuelo, tengo una nieta. Hago muchas cosas, pero el poco tiempo libre que me queda, lo disfruto a concho con mi familia.

—Antes, tener 50 años era como tener 80 en la época de nuestros abuelos…
—Por eso yo me siento de 40. Los 50 son los nuevos 40, y los 40 son los nuevos 30. Yo todavía trato, en lo posible, de ir al gimnasio, bebo muy poquito, no fumo para nada y no tengo una vida desordenada; a las 10 de la noche ya estoy durmiendo. Me pongo a ver una película con mi señora y me quedo dormido al tiro. Creo que se debe a que trato de cuidarme y no engordar mucho; a esta altura uno tiene que ser responsable con su salud.

Las comunicaciones regionales

—Franco, vayamos al área de las comunicaciones. Tú has recorrido muchas emisoras acá en Temuco y ahora estás en Radio Bío Bío, una de las más importantes a nivel nacional y regional. ¿Cómo ha sido ese camino?
—Yo partí en la radio hace muchos años. Primero fue contestando el teléfono, pidiendo una oportunidad. Cuando tenía 16 o 17 años, iba los domingos en la mañana a radios AM como Radio Minería, Radio Nacional o Radio Cooperativa. De pronto hacía algunos espacios pequeñísimos de media hora. La posibilidad real se dio cuando entré a la universidad a estudiar Periodismo. Ahí se conjugaron dos situaciones: una en la 99.5, La Otra Estación, de Vivianne Faure, que me dio la oportunidad de estar ahí, y luego ya trabajando con un sueldo en Radio Minería, donde estaba todas las mañanas. Después tuve un pequeño receso por un tema netamente económico, dado que me había casado, y me dediqué a hacer locuciones en supermercados. Estuve en el Supermercado Líder; de hecho, yo fui el que grabó en Temuco la frase «Líder, siempre los precios más bajos». Más tarde me fueron a buscar de Radio Bío Bío mientras animaba un evento en una tienda. En esa época estaban Ricardo Jaramillo y Elizabeth Brand como directores. Fue algo increíble, porque que te vayan a buscar de una emisora como la Bío Bío era como si a un jugador de Deportes Temuco lo llamaran del Real Madrid.

—¿Por qué crees que se fijaron en ti?
—Aún no me lo explico del todo. Yo creo que me vieron animar y notaron que tenía cercanía con la gente. Si algo le agradezco a Dios es esa conexión, que a veces es difícil de encontrar. Me llevo muy bien con el público. Al aire hablo con la misma naturalidad con la que converso ahora contigo. Creo que esa es la clave. Nunca he intentado impostar la voz ni buscar términos rebuscados.

—Eso de impostar la voz ya no se usa, ¿verdad?

—Se usa muy poco, queda en algunos más antiguos. Teníamos que evolucionar sí o sí. Creo que en su momento fue un error, pero era parte de la cultura y de la idiosincrasia de la época. Antiguamente, en los actos importantes de un pueblo, se sentaban en primera fila el alcalde, el representante de Carabinero y el locutor. El locutor estaba en un pedestal porque era quien decía si iba a llover o no, y en base a eso las señoras salían con paraguas.
Yo creo que debe ser todo lo contrario, uno tiene que ser compañía para la gente. A mí me da un tremendo placer cuando alguien en la calle me dice: «Oye, cómo me reí el otro día contigo mientras hacía el aseo». Eso es verdadera comunicación. El típico modelo que nos enseñaron en la universidad de emisor, receptor y mensaje se transforma realmente cuando el receptor también se convierte en emisor.

—¿Qué te parece la responsabilidad que tiene un periodista o un comunicador frente al micrófono? A veces se asume lo que escuchamos como una verdad absoluta, y hay personas al aire que hablan sin saber, lo que es muy común en algunas radios locales.
—Creo que hay muchos medios, tanto en redes sociales como lamentablemente en radios abiertas, que han sido utilizados como una suerte de barricada para enlodar o para levantar y bajar candidaturas políticas. Hay medios que tienen una clara tendencia. Creo que hay que ser extremadamente delicado al emitir una opinión. La radio es un medio que te acompaña y que, por repetición, te permite hacerte una idea de las cosas. Nosotros somos generadores de opinión, pero la decisión final debe recaer en quien escucha. Imagínate la responsabilidad: muchas personas toman decisiones vitales en base a lo que uno dice.

—¿Hay alguna interacción con un auditor que te haya marcado de forma especial?

—Sí, hay una historia que cada vez que la cuento, me da mucha pena, pero a la vez alegría y orgullo. Me tocó trabajar un primero de enero en la mañana. Transmití con mucha energía y alegría, tirando buena onda para partir el año nuevo esa mañana, independiente del carrete de las celebraciones. Una semana después de eso, una persona me estuvo buscando insistentemente por teléfono. Cuando por fin pudimos hablar, me dijo: «Don Franco, lo llamo solamente para agradecerle. Usted trabajó en Año Nuevo y me salvó la vida». Yo quedé impactado y le pregunté por qué. Se trataba de un profesor que, por problemas con el alcohol, lo había perdido absolutamente todo. Cuidaba animales al lado del río y esa noche pescó una cuerda con la intención de ahorcarse. Estuvo dándole vueltas al asunto y lo único que hizo fue encender la radio para que nadie lo oyera. Ahí me escuchó. Yo ni siquiera recuerdo qué palabras dije exactas ese día, pero lo que haya sido, lo hizo cambiar de opinión y bajar la cuerda. Ahí mides la responsabilidad que tenemos. ¿Qué hubiese pasado si esa mañana yo salgo al aire y digo algo diferente? Para mí fue una bendición que me pusieran ahí. El haber estudiado Periodismo efectivamente sirve para tener una visión amplia de las cosas, pero la decisión final siempre es del auditor.

El bombero, las tablas y el declive cultural

—Si hay alguien en la zona que ha hecho de todo, eres tú. Incluso eres bombero.

—Así es, soy bombero de la Cuarta Compañía en Temuco. Sigo activo, aunque ya no voy tanto a la primera línea de la emergencia. Cuando nació mi nieta, empecé a frenarme un poco, porque me vi en situaciones difíciles, sobre todo en incendios forestales donde uno piensa: «de esta no salgo». Al llegar a casa y ver a la nieta, decides cuidarte más. Sin embargo, participo activamente en el Departamento de Relaciones Públicas, realizo locuciones y apoyo en el nexo con los medios de comunicación. Ya llevo casi 15 años en la institución.

—Sí, además eres actor de teatro.

Además, hice mucho teatro infantil. Partió por los años 92 o 93, cuando conocí a mi señora, que es educadora de párvulos, y empecé a ayudarle con unas obras. Mi compañía se llamaba Okiti-Pokiti. La última producción que hicimos hace unos años fue Los siete pares de zapatos, con la que nos presentamos en el Teatro Municipal de Temuco y en el Centro Cultural de Padre Las Casas. Fue un lujo que no todas las compañías locales se pueden dar. Y te tengo una primicia: estamos ensayando para volver a las tablas. Lo más probable es que en agosto tengamos novedades, pero esta vez con teatro para adultos, una propuesta más contestataria y de neodramatismo. Nos está dirigiendo Matías Pérez, un excelente director egresado de la Arcis.

—Respecto a eso, ¿cómo ves el ambiente cultural en Temuco? ¿Sientes como muchos que ha decaído en el último tiempo?

—Desde hace un par de años el tema cultural está muy complicado. Por un lado, hay una inapetencia de la gente, y por otro, las redes sociales nos tienen muy afectados. El público prefiere ver memes o TikTok antes que una obra pictórica. Actualmente colaboro con el Centro Cultural de Padre Las Casas. Hace poco fui a inaugurar la exposición de un tremendo pintor y fotógrafo de la comuna. Las pinturas de los paisajes locales eran espectaculares, y ¿sabes cuántas personas fueron a la inauguración? Dos. En ese mismo lugar, el audiovisualista Marcelo Cuevas presentó un ciclo de cine gratuito sobre Jack Nicholson y llegaron cuatro personas. Es una vergüenza. Preferimos el internet y el WhatsApp antes de darle valor a lo que merece. En el Teatro Municipal me comentaban que a veces las compañías cobran entradas accesibles y llegan 30 ó 40 personas. Lo bueno es que el teatro hace convenios para buscar a clubes de adultos mayores e invitar a delegaciones de otras comunas para llenar los espacios. Y hay otro factor económico complejo. La obra que estamos preparando se llama La duda, es norteamericana. Para montarla, tienes que pedir los derechos a Estados Unidos; de allá te derivan al representante que está en Buenos Aires, Argentina, de Argentina te envían al representante en Chile, y el de Chile te cobra mil dólares por los derechos de autor. ¿Quién puede pagar esa cifra de entrada en el teatro regional? También veo que hay muy pocos jóvenes haciendo cultura o pintura; los artistas tradicionales están en peligro de extinción.

—A la par de todo esto, también te vemos muy activo en plataformas digitales. ¿Te consideras un influencer?
—¡No, para nada! Yo nunca he querido ser influencer, esto partió como una broma de mi hijo, pero se transformó en un espacio de educación y cultura. Yo me autodefino como el «influensenior», porque ya no soy un lolo. Una vez me invitaron a un encuentro de influencers y al saber que era a las 12 de la noche en una discoteca, con códigos que usan ellos y que yo no entendía, decidí no ir. No era lo mío. Pero el proceso ha sido muy entretenido.

—Pero lograste unir las redes sociales con la difusión cultural y educativa con bastante éxito.
—Sí, de hecho, tengo un video que publiqué sobre la fábrica de helados LB que hubo en Avenida Pedro de Valdivia y que alcanzó 36 mil 300 reproducciones. Fue impresionante, no pensé que lograría tanto impacto. Pero no estoy preocupado por las visualizaciones ni por ganar dinero con esto; lo hago simplemente porque me gusta. Hace poco subí el registro de una casa patrimonial que visité en Cholchol y también tuvo un gran alcance. Mi cuenta en TikTok es Franco Belmar, para quienes quieran buscar el contenido. Todas mis plataformas en internet están con mi nombre, para que las busquen.

Cofrecitos para el Cielo

—Hablemos de tu nuevo emprendimiento, una iniciativa bastante particular para el mercado local.
—Sí, es muy curioso. Por diversas circunstancias, me enteré que había una persona que necesitaba un servicio que no existía en la zona: ataúdes para mascotas. Una conocida tuvo que encargar uno a Santiago porque acá no había opciones. En sociedades más desarrolladas de Europa, por ejemplo, esto es un servicio completamente normalizado. Conversé con mi señora, que es quien siempre me aterriza los proyectos, y decidimos armarlo. El emprendimiento se llama «Cofrecitos para el Cielo». Fabricamos féretros para todo tipo de mascotas: tortugas, conejitos, hámsteres, gatos y perros de todos los tamaños.

Nos empeñamos en hacer esto con mucho cuidado y respeto. El vínculo familiar que hoy existe con los animales domésticos es muy profundo; ya no se ve como el simple «se murió un perro», sino como la pérdida de un integrante del hogar. Nosotros conversamos con los dueños y les explicamos que es un cofre: por dentro es muy acolchado y digno. Además, se fabrican 100 por ciento de madera para que sean completamente biodegradables y amigables con el medioambiente. Eliminamos las manillas metálicas y ahora estamos buscando la solución para armarlos solo con tarugos y eliminar por completo los tornillos. La gente valora mucho ese estándar. Nos ha ido muy bien, la primera partida se vendió rápido y ya estamos en plena producción de la siguiente.

—¿Tanto así que ya planean expandirse?
—Sí, la idea es ampliar el catálogo. Comenzamos con los féretros y ahora sumamos recuerdos y suvenires. Tenemos una alianza para ofrecer cadenitas con los nombres de las mascotas, tazones y poleras personalizadas. Queremos seguir creciendo, evaluando los permisos municipales y sanitarios correspondientes. Vienen hermosas sorpresas en ese ámbito.

—Para cerrar, ¿qué mensaje le dejas a las nuevas generaciones?
—Que hagan lo que quieran con su vida, pero siempre con respeto y sin pasar a llevar al resto. Yo he tenido la fortuna de hacer todo lo que he querido: quise ser bombero y lo soy; quería actuar y actué, es más, participé en el elenco de una película llamada Viviendo desconectado; hice televisión con el programa Más Franco que nunca. Hay que hacer lo que a uno le haga feliz. Cuando eres una buena persona, las puertas se te abren solas.

—Con toda esta experiencia, ¿has pensado en levantar tu propio medio o radio digital?
—Tuve una radio en internet llamada FM Like. Como te digo, he pasado por muchos proyectos. Esa emisora funcionó muy bien en el momento preciso, que fue durante la pandemia, cuando todos estaban encerrados en sus casas. A mí me habían desvinculado de Radio Edelweiss en ese tiempo, levanté el proyecto y fue un éxito. Sin embargo, cuando las cosas volvieron a la normalidad y las audiencias cambiaron, coincidió con que me llamaron nuevamente de Radio Bío Bío. He regresado dos veces a esta emisora y es porque jamás me he ido en malos términos de ninguna parte. No soy un hombre de tener enemigos; prefiero mantenerme así. Tiro la talla y me enojo como cualquier ser humano, pero la clave está en ser buena onda y no perjudicar al resto. El cariño que recibo en la calle es una bendición. El otro día fue a la Feria de Las Abejas a las 7 de la mañana, la gente me saludaba y me abrazaba. Eso no te pasa en cualquier trabajo. Estoy feliz con lo que hago y espero jubilarme y morir frente a un micrófono.

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