
Con una participación de apenas un 18,5 por ciento, la lista encabezada por la diputada Gael Yeomans se impuso en los comicios del conglomerado del expresidente Gabriel Boric, el mandatario más a la derecha que ha gobernado Chile desde el fin de la dictadura.
Las recientes elecciones internas del Frente Amplio concluyeron con la victoria de la lista “Unidad para Avanzar: Defendamos Chile con Firmeza”, liderada por la diputada Gael Yeomans. Con un total de 5 mil 667 votos (54,71 por ciento), Yeomans superó a la alternativa «Frente Amplio para Chile», encabezada por la actual timonel Constanza Martínez, que cosechó 4 mil 353 preferencias (42,03 por ciento) y contaba con el respaldo del sector del expresidente Gabriel Boric.
Pese a que diversos sectores de la prensa han catalogado el triunfo de Yeomans como un «batacazo» o un «giro a la izquierda», el trasfondo electoral y programático da cuenta de una realidad distinta.
El Frente Amplio, una colectividad que suele autopromocionarse como una fuerza transformadora de izquierda, ha sido conducida por figuras como el propio expresidente Gabriel Boric, cuya gestión al mando del país representó el gobierno más volcado hacia la derecha desde la salida de Augusto Pinochet.

El proceso electoral de este fin de semana estuvo marcado por una profunda abstención. De una nómina superior a los 55 mil militantes habilitados, solo acudieron a votar 10 mil 358 personas, lo que equivale a una participación del 18,5 por ciento. Este nivel de convocatoria refleja un progresivo desapego de sus propias bases hacia una estructura política que ha mantenido los pilares del sistema neoliberal sin pretender alteraciones a la propiedad de los medios de producción ni a la redistribución de la riqueza.
Tras confirmarse su triunfo, la diputada Yeomans señaló que sus prioridades se centrarán en articular una agenda común con la oposición frente a la administración de José Antonio Kast, también de derecha. Sin embargo, analistas y sectores críticos advierten que el recambio en la directiva responde más a una pugna de cúpulas e intenciones de autopreservación que a un verdadero cambio ideológico o un compromiso real con las demandas de la clase trabajadora.
