Kast propone un Estado de Excepción de 240 días sin aprobación del Congreso

Propuesta permite al presidente decretar por 120 días un nuevo régimen de excepción y extenderlo por otros 120 días sin una nueva autorización del Congreso. Iniciativa incluye restricciones a la libertad de desplazamiento y reunión, interceptación de comunicaciones y requisición de bienes.

El Gobierno de José Kast ingresó al Senado una amplia y polémica reforma constitucional en materia de seguridad que, además de endurecer las herramientas contra el crimen organizado y el terrorismo, incorpora un nuevo estado de excepción con amplias facultades para el Ejecutivo.

La iniciativa contempla 11 modificaciones a la Constitución y establece que el presidente podrá decretar este régimen extraordinario cuando exista una “amenaza grave e inminente” para la seguridad pública o cuando esta haya sido “gravemente afectada”.

El mecanismo podrá extenderse inicialmente por hasta 120 días, y el propio mandatario tendrá la facultad de prorrogarlo por otros 120 días. Es decir, la medida podría mantenerse durante 240 días sin una nueva aprobación del Congreso. Las extensiones posteriores sí requerirán autorización parlamentaria.

Restricciones a reuniones, desplazamiento y comunicaciones

Uno de los aspectos más relevantes de la propuesta son las facultades que adquiriría el Ejecutivo durante la vigencia del estado de excepción.

El presidente podría restringir o suspender la libertad personal y de locomoción, limitar el derecho de reunión y establecer restricciones al derecho de asociación. A ello se suma una facultad especialmente amplia: interceptar, abrir o registrar documentos y comunicaciones.

También se contempla la posibilidad de disponer requisiciones de bienes. Las zonas sometidas al régimen excepcional quedarían bajo la dependencia inmediata de un oficial general designado por el presidente. Una futura ley orgánica constitucional deberá determinar las atribuciones de esa autoridad, las facultades de las policías y la eventual participación de las Fuerzas Armadas a través del Ministerio de Defensa.

En términos políticos, el alcance de la reforma abre un debate que va mucho más allá del combate al crimen organizado. Se trata de entregar al gobierno herramientas extraordinarias capaces de restringir libertades y controlar espacios de movilización y protesta social bajo determinadas circunstancias.

Del combate al crimen a la protesta social

La reforma se presenta como una respuesta a las amenazas contra la seguridad pública, pero sus efectos potenciales alcanzan también a las formas de movilización colectiva.

En paralelo, el Gobierno ingresó el proyecto denominado “Antibarricadas 2.0”, que busca modificar el Código Penal para castigar la interrupción total o parcial de la circulación y de los servicios de transporte.

La propuesta establece penas de 61 a 540 días de presidio y amplía su aplicación a prácticamente todos los sistemas de transporte, terrestre, ferroviario, subterráneo, marítimo, fluvial, lacustre y aéreo.

Una diferencia central respecto de la regulación vigente es que para configurar el delito no sería necesario acreditar violencia o intimidación. Quedarían fuera de la norma situaciones derivadas de accidentes, desperfectos mecánicos u otras causas justificadas.

La lógica de ambas iniciativas, estado de excepción y “Antibarricadas 2.0”, instala así un nuevo escenario para la protesta y la movilización, conductas que históricamente han formado parte del repertorio de manifestaciones sociales podrían quedar expuestas a mayores sanciones penales o a restricciones extraordinarias cuando el Ejecutivo invoque razones de seguridad pública.

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