
Expertos legales y organizaciones de derechos humanos exigen una investigación independiente inmediata ante lo que describen como «hornos crematorios a cielo abierto», donde la identidad y el rastro de miles de civiles han sido borrados de la faz de la tierra.
Una serie de investigaciones internacionales y reportes de la Defensa Civil de Gaza han puesto al descubierto una de las facetas más atroces de la masacre de Israel en Gaza, el uso sistemático de armas termobáricas y térmicas como las bombas MK-84 y GBU-39 de fabricación estadounidense que alcanzan temperaturas superiores a los 3.000°C, provocando la desaparición física total de las víctimas.
Se estima que cerca de 3 mil personas han desaparecido sin dejar rastro tras los impactos. Según expertos forenses, el calor extremo vaporiza los fluidos corporales y reduce los tejidos a cenizas en cuestión de segundos, dejando apenas trazas biológicas imposibles de recuperar para un sepelio digno.

El uso de estas bombas, a menudo calificadas como «bombas de vacío», genera una bola de fuego masiva que consume el oxígeno y genera una presión insoportable, diseñada para maximizar la letalidad en espacios cerrados o refugios.
Los informes señalan que este armamento, de fabricación estadounidense, está siendo utilizado en zonas densamente pobladas y «zonas seguras» declaradas previamente, lo que constituye una violación flagrante del derecho internacional humanitario.
Expertos legales y organizaciones de derechos humanos exigen una investigación independiente inmediata ante lo que describen como «hornos crematorios a cielo abierto», donde la identidad y el rastro de miles de civiles han sido borrados de la faz de la tierra.
Israel usó armas termobáricas contra la población de Gaza:
— Helena Maleno Garzón (@HelenaMaleno) February 11, 2026
🔥 3.500 grados de temperatura.
🔥 3.000 personas quemadas vivas.
🔥 Todos los cadáveres evaporados.
Hornos crematorios a cielo abierto. https://t.co/My6SJJMpNa