La Araucanía necesita más de 100 Palabras

El entusiasmo por este concurso revela algo más profundo: que la escritura sea un hábito comunitario.

Por Catalina Rodríguez Vergara

Hace poco menos de un mes me dediqué a recorrer la Región haciendo talleres de Escritura Creativa, para el concurso Araucanía en 100 palabras. De esta hermosa experiencia, me percaté que en las actividades abiertas a todo público se palpaba el entusiasmo de los asistentes por narrar su experiencia en este mágico territorio.

A través de consignas de escritura creativa ligadas a la vida en La Araucanía, realizaron ejercicios que fueron compartidos a micrófono abierto. Algunas historias sacaron carcajadas, como la de uno de los autores publicados en la edición de este año, quien narró con avidez una pichanga de su infancia en la cancha de ripio de una calle cualquiera de Temuco. En cambio, otros relatos arrancaron lágrimas, especialmente el de aquella mujer que relataba la enfermedad de su madre, comparándola con el frío del invierno en La Araucanía.

En general, el ambiente fue de recogimiento y de escucha atenta. Por eso, pienso que esta disposición reveló una necesidad profunda de escribir y ser escuchados, mucho más allá de un simple concurso. 

Al terminar los talleres, varias personas se me acercaron, preguntándome por más iniciativas literarias. Sin embargo, se iban decepcionados por mi respuesta: no hay talleres permanentes. Desde ese momento me pareció preocupante que en una región tan fértil en relatos, no existan suficientes espacios continuos para acogerlos. Y con estos espacios, me refiero a lugares de formación para personas comunes, que no necesariamente sean versados en literatura ni espacios de co-creación entre escritores con convocatoria o postulación, como ya existen por Temuco.

Es importante destacar que lo hermoso de concursos como Araucanía en 100 Palabras es que impulsan a personas sin experiencia previa y de todas las edades a escribir desde el territorio y lo local. Sin embargo, este concurso es temporal. De ahí que surja la pregunta, ¿qué sucede con esta necesidad de vínculo y afecto a lo literario y escritural cuando Araucanía en 100 Palabras finaliza? Estoy convencida que el entusiasmo que despierta este certamen no puede quedar reducido a un par de meses al año.

Hay un terreno inexplorado que pone en juego el capital cultural de la Región, el cual poco a poco se está aprovechando y saliendo a la luz. Es necesario sacarlo de la clandestinidad para llevar esas expresiones al plano cotidiano y público, con una gestión de calidad.

Considero fundamental que desde las instituciones y la comunidad se les dé continuidad, ya que a través de estas actividades, se crea un tejido social que fortalece a la Región y puede generar un impacto nacional. No hay que olvidar que desde La Araucanía, el resto de Chile tiene acceso a relatos que parecen herméticos, territorios y formas de vida inexplorados para personas de la zona norte, centro y sur del país.

Si tanta gente se emocionó escribiendo en 100 Palabras, ¿cómo sería una Araucanía en la que leer y compartir historias fuera parte de lo cotidiano? La escritura y la lectura no pueden seguir siendo excepciones: deben convertirse en hábitos comunitarios sostenidos y abiertos a todos. Un ejercicio terapéutico, pedagógico y expresivo.

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