La Casa Blanca intentó una foto épica y terminó en un ridículo antártico… o ártico… bueno, ellos tampoco lo saben

Sabemos que para los norteamericanos, la Geografía no es lo suyo, pero tratar de convencernos que en el polo norte hay pingüinos, ya es para la risa. Al parecer, ahora se quieren robar hasta los pingüinos.

Lo que comenzó como una imagen surrealista ha terminado por convertirse en uno de los episodios más bochornosos de la comunicación oficial estadounidense. La Casa Blanca, en un intento por proyectar una imagen de liderazgo, o quizás simplemente por alimentar el ego visual de su líder del régimen, publicó en la red X una fotografía de Donald Trump caminando a l lado de un pingüino en Groenlandia. El resultado no fue la admiración, sino una carcajada global que dejó en evidencia una laguna geográfica del tamaño del océano Glacial Ártico.

La biología no tiene “otros datos”

Reconozcamos que la geografía lno es el fuerte del norteamericano promedio, pero el error es de nivel escolar básico. En el Ártico, y específicamente en Groenlandia, no existen los pingüinos. Estas aves son habitantes exclusivos del hemisferio sur, de Chile, Argentina, el sur de África.

Situar a un pingüino en Groenlandia es tan coherente como buscar un oso polar en la selva del Amazonas. Sin embargo, para el régimen de Trump, los hechos biológicos parecen ser meras sugerencias que pueden ignorarse con una buena dosis de Inteligencia Artificial.

De la ignorancia a la «arrogancia mística»

Lo que elevó el incidente de simple descuido a bochorno histórico fue la reacción de la Casa Blanca ante las burlas. En lugar de admitir el error o borrar la publicación, optaron por una respuesta digna de un villano de caricatura o de un gurú de dudosa procedencia:

«El pingüino no se preocupa por las opiniones de aquellos que no pueden comprender».

Esta frase no solo confirma que el equipo de Trump prefiere la mitomanía antes que el atlas, sino que intenta disfrazar la ignorancia de «sabiduría incomprendida».

Es difícil que alguien «comprenda» la presencia de un animal en un ecosistema donde no existe, a menos que la «comprensión» requiera ignorar por completo la realidad física y científica.

Conclusión: Un régimen sin brújula

Este «Penguin-gate» es la metáfora perfecta de una gestión que construye su propia realidad.

Si el líder de este régimen dice que hay pingüinos en Groenlandia, la Casa Blanca creará el pingüino, lo defenderá y llamará ignorantes a quienes señalen que el mapa dice lo contrario. Mientras tanto, el mundo observa con asombro cómo una de las oficinas más poderosas del planeta se pierde en un laberinto geográfico del que ni siquiera el pingüino, que sigue a miles de kilómetros al sur de distancia, podría rescatarlos.

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