La cultura de la politización

Gonzalo Véjar

Por Gonzalo Véjar Paz, Antropólogo – Corporación ACCESO.

Habrá que observar si luego de estas elecciones presidenciales, parlamentarias y de Consejeros Regionales, continuaremos viendo activos y dinámicos a los diferentes partidos políticos y a sus militantes y simpatizantes, ya que cuando decae la efervescencia electoral, estos tienden a replegarse, tomando distancia de la ciudadanía.

Este tipo de factores hace que las redes sociales y las asambleas ciudadanas locales y territoriales se constituyan en un espacio público donde se articula parte de la disidencia a la elite política y económica, ya que parte de las bases estimarían que desde los partidos las transformaciones transitan un camino hacia la burocratización.

Sectores de nuestra sociedad están ávidos de participación, de opinar y de contar con más espacios públicos. La incógnita está en saber cómo este interés se continuará canalizando, cómo logra densificarse, para superar los déficit y carencias de lugares de conversación y reflexión públicas. ¿Modificarán sustantivamente su actuar los partidos políticos? ¿Emergerán nuevos movimientos sociales? ¿Se fortalecerán las asambleas ciudadanas locales y territoriales y las redes sociales? ¿Serán las instituciones existentes capaces de resistir las tensiones que se avizoran, de acuerdo a un pacto social que se ha puesto en tela de juicio?

Esta impertinente, cuestionadora y vigilante ciudadanía ha visto en las redes sociales, en las asambleas locales y territoriales y los movimientos sociales, una forma de plantear contenidos que vayan más allá de lo repetitivo de los aparatos comunicacionales tradicionales o los dispositivos de reproducción cultural avalados por las elites, como los escasos canales de televisión abiertos.

Los medios de comunicación y sobre todo la televisión, se transforman entonces en una gran caja de resonancia, amplificadora del debate social y político. El inconveniente es que estos se encuentran en pocas manos, siendo sus dueños los mismos que controlan otras áreas económicas, definiendo contenidos de acuerdo a sus propios intereses, dejando fuera ideas que no concuerdan con sus posturas, invisibilizando a actores políticos y sociales que definen como peligrosos, trastocando de esta manera la realidad e influyendo en los espacios de poder y de la toma de decisiones, lo que les permite acumulación de capital político.

Sectores de nuestra sociedad además vislumbran una arquitectura del espacio público que vaya más allá de lo funcional del statu quo, sino que las ideas que provienen directamente desde la ciudadana puedan realmente permear las decisiones públicas, siendo vista esta democratización y politización como una virtud y no como un problema, ya que tendría como una de sus finalidades mayores de grados de integración social, política y cultural.

En este sentido, el sociólogo Alberto Mayol, entiende la politización “como el proceso por el cual se validan e integran el disenso, el conflicto y los intereses de toda la población de una sociedad. De esta manera, la despolitización es un ejercicio de poder, es una usurpación del espacio público mínimo que corresponde a cada ciudadano, para beneficio e influencia de los más poderosos”.

Para posibilitar un nuevo Chile, se requiere más debate, más poder ciudadano, más espacios públicos para la crítica y la reflexión y nuevos repertorios para la deliberación política. Debemos observar en los conflictos y en las impugnaciones ciudadanas oportunidades de cambio, luego de una larga transición que generó una fractura entre lo social y lo político y una desafección hacia los partidos, ya que el ciudadano no vislumbraría en ellos concretas alternativas de transformación y una respuesta contundente a las demandas, sino que los verían como actores protagónicos de un reformismo más bien intrascendente y una cuasi compulsión por el orden y la estabilidad, en una especie de transición permanente.

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