Fin de los portonazos: Cuando los canales de televisión fabrican la realidad y ni se avergüenzan

En Chile ya no basta con preguntarse qué ocurre, sino qué deciden mostrarnos que ocurre. La diferencia no es menor. Durante las campañas electorales, los medios de comunicación tradicionales no se limitan a informar: editan la realidad, la exageran, la repiten, la distorsionan y finalmente la instalan como verdad incuestionable. Y lo hacen con un descaro que ya ni intentan disimular.

Durante meses, la televisión chilena nos sumergió en una rutina casi hipnótica: portonazos 24/7, asaltos, asesinatos, balaceras, el Tren de Aragua convertido en protagonista permanente, imágenes recicladas una y otra vez, titulares en rojo, música de suspenso y paneles de “expertos” anunciando el colapso. El mensaje era inequívoco: Chile estaba fuera de control. No había contexto, no había cifras comparadas, no había historia. Solo miedo. Mucho miedo. Chile se caía a pedazos.

Y entonces vino la elección. Pasó la campaña. Hubo ganadores, la extrema derecha. Y de pronto, como si alguien hubiese movido un interruptor, esa realidad desapareció de la pantalla.

La delincuencia no se terminó. Los delitos no dejaron de existir, pero sí dejaron de abrir los noticieros. En su lugar, comenzaron a aparecer otros contenidos, curiosamente más livianos y amables: el “estilo de las primeras damas”, reportajes sobre “cómo sería vivir en La Moneda”, notas de color, cocina, panoramas, nostalgia televisiva. Volvimos a “la ruta del completo”, a los recorridos gastronómicos, a la farándula blanda y al país amable que, durante meses, parecía haber sido arrasado por la violencia.

El contraste es brutal y revelador.

Esto deja en evidencia algo que muchos prefieren no decir: la inseguridad fue utilizada (como siempre) como una herramienta política, no solo como un tema informativo. Fue administrada, amplificada y dosificada según la conveniencia del momento. Cuando cumplió su función electoral, se guardó en el cajón, sin explicaciones, sin disculpas, sin pudor, sin vergüenza.

Los medios no reflejan la realidad: la jerarquizan. Deciden qué existe, qué es urgente y qué puede esperar. Y cuando todos deciden lo mismo al mismo tiempo, no estamos frente a una coincidencia editorial, sino frente a una narrativa diseñada. En ese punto, la información deja de ser servicio público y se convierte en propaganda encubierta.

Lo más grave no es que se informe sobre delincuencia —eso es necesario—, sino el descaro con que se manipula el clima social.

Nadie en televisión se pregunta por qué el país parecía arder durante la campaña y, casualmente, se volvió más “vivible” al día siguiente de la elección. Nadie asume responsabilidad por la ansiedad, el temor y la sensación de colapso que ayudaron a instalar.

En democracia, los medios deberían fiscalizar al poder. En campaña, muchos optan por fabricar realidades. Construyen climas emocionales, empujan decisiones políticas y luego se lavan las manos, como si solo hubieran sido observadores neutrales.

Un comentario sobre «Fin de los portonazos: Cuando los canales de televisión fabrican la realidad y ni se avergüenzan»

  1. Hay una evidente colusión, por las razones que esgriman, de actores privados (a veces con la participación de canales publicos) del sistema de información publica chilena que trabajan coordinadamente para el sector de la derecha chilena, que sin lugar a dudas a contribuido a crear un clima de emergencia y catastrofe en el ambito de la seguridad, de naturaleza subjetiva en la población, que sin dudas contribuyó a la decisión electroral manifestada en las urnas. No es la unica razón, pero se basa en una vieja receta del Señor Goebels y es la mezcla en proporciones adecuadas de realidad y ficción para instalar una determinada idea o sentimiento en la población carente de análisis critico y de capacidad de buscar fuente alternativas.

    Es curioso, pero habría bastado que la población hubiera analizado estadísticas o consultado fuentes locales o internacionales, acreditadas como serias, para darse cuenta que lo que recibía por la TV local y las RRSS, era artificialmente amplificado, en el límite sino traspasando, el ejercicio de un periodismo ético.

    La sitacuión de inseguridad existe, pero ahora ocurre que mágicamente este tema hoy practicamente desaparece de las pantallas, evidenciando esta colusión de medios que explota la emocionalidad de la gente que desafortunadamente no tiene la capacidad o simplemente su enfoque individualista y cómodo frente a las obligaciones que demanda una democracia, ante la exigencia de sus derechos, renunciando a la racionalidad y el trabajo de busqueda de información mas objetiva.

    Las declaraciones previas del candidato electo, ahora se moderan, relativisan y se dice que nunca dijeron que serian posible – como si decían sus slogan de campañas – y trata de decir como normal y aceptable que en el fragor de la campaña esta permitiro mentir en función de obtener los votos, pero que despues se ve la realidad y aunque la población se sienta engañada e inclusive no lo acepte por no aparecer como estupido o estupida, se debera aceptar como algo normal.

    Ojala esto genere un aprendizaje en la población y obligue a que los politicos dejen de lado estrategias electorales basadas en distorsionar la información e implantar en la mente de los ciudadanos una realidad virtual inexistente. Esta visión seguirá implantandose, pues ahora se habla de instalar un gobvierno de emergencia, es decir porque el país esta bajo una catastrofe. Esto no puede ser aceptado como metodología de acceder al poder politico. El Pueblo aprenderá y tarde o temprano sancionará finalmente a quienes actúen asi sean de la ideología que sean.

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