Ovdas mantiene 35 volcanes en Chile bajo vigilancia permanente

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Entre los volcanes del tipo uno están el Villarrica, como el de mayor actividad, seguido por el Llaima, el Lonquimay, Láscar, Calbuco, Chaitén, Copahue, Láscar entre otros.

En el marco del trabajo que despliega la Red Nacional de Vigilancia Volcánica, dependiente del Servicio Nacional de Geología y Minería, Sernageomín, son 35 los volcanes que mantiene bajo permanente monitoreo el Observatorio Volcanológico Andes del Sur, (Ovdas), situado en Temuco, según la información confirmada por el jefe del Observatorio, Fernando Gil.

De acuerdo a los antecedentes entregados por el profesional, “actualmente estamos monitoreando 35 volcanes, pero la meta para este año es llegar a los 43 volcanes más peligrosos de Chile y se trata de vigilancia en varios niveles de acuerdo a la actividad que presentan, el tipo de volcán y el efecto que pudieran tener en las personas y la infraestructura del país”.

El primer nivel  tiene que ver con aquellos macizos que representan una mayor peligrosidad y, por ende, cuentan con una mayor cantidad de equipos de monitoreo que los niveles dos y tres.

De los volcanes en observación, existen 13 del tipo uno, dada su actividad y representación de riesgo para las personas, aunque el experto aseguró que “si bien todos los volcanes están en plena actividad, ninguno presenta una situación crítica ni hay inminencia de alguna erupción volcánicas características de estos volcanes de tipo uno, se observan “el fenómeno físico como tal y la vulnerabilidad de exposición de las personas e infraestructura, ya que puede haber un volcán muy peligroso, pero si no hay gente cerca, el riesgo es bajo, o al contrario, puede haber un volcán menos explosivo, pero si hay gente cerca, el riesgo aumenta”, explicó el científico.

 

Distintas disciplinas científicas

El Sistema de Alerta Temprana implementado por Sernageomin contempla la generación de información útil para las autoridades encargadas de la seguridad civil en el caso de enfrentar una crisis. El proceso de monitoreo involucra un trabajo en distintas disciplinas científicas.

Una de ellas es la de Sismología, entendiendo por sismos “los movimientos internos que se registran en el volcán, por el movimiento del magma, los gases y/o la ruptura de rocas por los cambios de esfuerzos. Otra de las disciplinas utilizadas es la Geodesia, que tiene que ver con “la medición de  la deformación del volcán. De acuerdo al proceso en curso puede observarse que las paredes del volcán se inflan y/o presentan subsidencia; se utilizan equipos de GPS e inclinómetros para dicha determinación.

 

Otras disciplinas

También existe como línea de monitoreo e investigativa, según explicó el experto, la Geoquímica, “cuyo uno de sus objetivos es el estudio de los gases que componen la columna de vapor y gases que es emitida por las fumarolas del volcán, para lo cual se utiliza el DOAS, que permite medir concentraciones de dióxido de azufre, directamente relacionado con la actividad magmática. Igualmente se hacen mediciones de otros gases tales como el dióxido de carbono, entre otros”.

En el caso de la acústica, a través de micrófonos de baja frecuencia se puede discriminar la ocurrencia de explosiones volcánicas, a nivel interno, lo que se suma a estudios de campos magnéticos a través de la magnetometría y de los estudios de campos eléctricos.

El coordinador de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica (RNVV), Jorge Pérez, explicó que “nuestra idea es potenciar y mejorar lo que ya existe, más aun considerando que vivimos en uno de los países de mayor presencia de volcanes activos, y por ende, pretendemos desarrollar aún más esta red de manera de posicionarnos como una de las más importantes a nivel mundial”.

Fernando Gil, en tanto,  destacó que el Ovdas, dependiente del Sernageomin, está trabajando a plenitud, con un equipo de científicos de permanencia continua en la institución.

 

Los volcanes

Entre los volcanes del tipo uno están el Villarrica, como el de mayor actividad, seguido por el Llaima, el Lonquimay, Láscar, Calbuco, Chaitén, Copahue, Láscar entre otros. De todos los anteriores, la totalidad se encuentra en actividad, pero no en estado crítico.

Por Nadia Zárate Urra

 

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