
La reciente salida a la luz de los Archivos Epstein, que vinculan a figuras de la élite política, empresarial y cultural con redes de abuso, confirma la tesis que Sinéad O’Connor sostuvo en solitario, que existen tramas de impunidad que operan a plena vista bajo el amparo del prestigio institucional.
La historia ha dejado de juzgar a Sinéad O’Connor para empezar a escucharla. Lo que en 1992 fue calificado como un acto de «locura» en Saturday Night Live, hoy se revela como una de las protestas más proféticas del Siglo XX.
En un contexto global marcado por la desclasificación de los Archivos de Jeffrey Epstein, el legado de la artista irlandesa cobra una vigencia tan necesaria como dolorosa.
Cuando O’Connor rasgó la foto del Papa Juan Pablo II, no solo señalaba a la Iglesia, sino a un sistema global de estructuras de poder diseñadas para proteger a los victimarios y silenciar a los vulnerables.
La reciente salida a la luz de los Archivos Epstein, que vinculan a figuras de la élite política, empresarial y cultural con redes de abuso, confirma la tesis que Sinéad O’Connor sostuvo en solitario, que existen tramas de impunidad que operan a plena vista bajo el amparo del prestigio institucional.
El precio de la verdad
Mientras las instituciones protegían sus secretos, la industria del entretenimiento y la opinión pública condenaron al ostracismo a la artista que se atrevió a denunciar el abuso sistemático.
Hoy, la paradoja es amarga. La sociedad que ayer la llamó «extremista» es la misma que hoy asiste con horror a las revelaciones de las listas de Epstein, dándose cuenta que la «claridad insoportable» de Sinéad O’Connor era, en realidad, una advertencia que el mundo se negó a atender.
Un legado de integridad
«El legado de Sinéad O’Connor no debe leerse solo a través de su música, sino como una lección de integridad frente al aislamiento absoluto», señalan expertos en cultura contemporánea. Su figura se alza hoy como el símbolo de la sobreviviente que sacrificó su carrera para romper un silencio que, como demuestran los casos actuales, sigue siendo una forma activa de violencia.