
Los malos resultados educacionales en Chile y el mundo abren una incómoda pregunta: ¿cuánto influye la falta de comprensión, pensamiento crítico y educación en el avance de los discursos populistas y de extrema derecha?
Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) correspondientes a 2025 volvieron a encender las alarmas sobre el estado de la educación mundial. El diagnóstico es preocupante: el rendimiento de los estudiantes cayó respecto de la medición anterior, especialmente en lectura y matemáticas.
Chile tampoco escapó a esta tendencia
La evaluación mostró una baja en matemáticas y comprensión lectora, mientras que en ciencias los resultados se mantuvieron en niveles similares a los obtenidos en 2022. Sin embargo, el país continúa por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) en las tres áreas evaluadas.
Y hay una cifra particularmente brutal: seis de cada 10 estudiantes chilenos no alcanzan el nivel mínimo esperado en matemáticas.
Una generación que tiene dificultades para comprender lo que lee, analizar información compleja o resolver problemas matemáticos inevitablemente plantea preguntas que van mucho más allá de las salas de clases, porque esos adolescentes serán, en pocos años más, ciudadanos, trabajadores, consumidores de información y, por supuesto, votantes.
Cuando comprender se vuelve un problema democrático
El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, conocido mundialmente como PISA, es desarrollado por la OCDE desde el año 2000 y evalúa cada tres años las capacidades de estudiantes de 15 años.
En la versión de 2025 participaron más de 760 mil alumnos de 91 países. En Chile, la medición consideró a 6 mil 574 estudiantes pertenecientes a 222 establecimientos educacionales.

Los resultados vuelven a confirmar una realidad incómoda, el sistema educacional chileno sigue siendo incapaz de garantizar que una parte importante de sus estudiantes termine la enseñanza obligatoria con herramientas sólidas para comprender textos, resolver problemas y analizar el mundo que los rodea.
Y aunque sería simplista afirmar que los malos resultados educacionales explican por sí solos el crecimiento de la extrema derecha en distintos países, resulta difícil ignorar una pregunta fundamental: ¿qué ocurre con una democracia cuando una parte importante de su población tiene dificultades para distinguir información compleja, comprender contextos o analizar críticamente los discursos políticos que recibe, saber cuándo una información es falsa o verdadera?
La política moderna se mueve precisamente en ese terreno
Mensajes simples para problemas complejos, enemigos claramente identificados, explicaciones rápidas y simples, culpar al inmigrante, al pobre, al Estado, a la izquierda, a los políticos o a cualquier grupo que pueda transformarse en responsable de todos los males y mientras más difícil resulta comprender la complejidad del mundo, más atractivas pueden parecer las respuestas simples.
Leer rápido, pensar menos
El informe también pone atención sobre un fenómeno cada vez más presente entre los jóvenes, la relación entre el uso de tecnologías digitales y la disminución de algunas capacidades cognitivas.
Un 28 por ciento de los estudiantes señaló que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante las clases de ciencias.
Además, los casos de la denominada “lectura apresurada”, es decir, estudiantes que leen rápidamente pero de manera imprecisa, prácticamente se duplicaron entre 2018 y 2025, alcanzando al 9 por ciento.
El problema no es solamente leer menos, es leer sin comprender, consumir información a toda velocidad, pasar de un video a otro, de un titular a otro, de una publicación indignante a la siguiente, sin detenerse demasiado a verificar, contextualizar o preguntarse si aquello que aparece en la pantalla es verdadero. Un fenómeno cada vez más frecuente es que el público se queda con el titular que aparece en las redes sociales, pero no se dan el trabajo de ingresar a la nota para leerla en su totalidad, ya que eso es mucho trabajo, un escenario perfecto para la desinformación y también para los discursos políticos construidos sobre consignas, miedo, rabia y enemigos.
Inteligencia artificial
La OCDE también observó el impacto del uso de inteligencia artificial. Según los antecedentes del informe, los estudiantes que utilizan herramientas de IA para tareas específicas, como resumir textos o realizar investigaciones, obtienen, en promedio, resultados inferiores a quienes no las utilizan, con una diferencia cercana a los 20 puntos, equivalente aproximadamente a un año de escolaridad, en cambio, quienes utilizan inteligencia artificial para propósitos más generales, presentan resultados similares a los estudiantes que no recurren a estas herramientas.
El problema, por tanto, no sería necesariamente la tecnología. El problema aparece cuando la tecnología comienza a reemplazar el esfuerzo intelectual.
Si una máquina resume por nosotros, investiga por nosotros, escribe por nosotros y resuelve los problemas por nosotros, la pregunta inevitable es ¿qué queda para nosotros?
Pensar requiere esfuerzo, analizar requiere tiempo, comprender algo complejo exige detenerse y precisamente esas capacidades parecen cada vez más difíciles de desarrollar en una sociedad dominada por contenidos rápidos, pantallas permanentes y respuestas instantáneas.
La educación también es una defensa de la democracia. Los resultados de PISA deberían preocupar mucho más que a profesores, colegios y autoridades del Ministerio de Educación, son también un problema democrático. Una ciudadanía capaz de leer, comprender, contrastar información y pensar críticamente es mucho más difícil de manipular. Una ciudadanía que no comprende lo que lee, que consume información fragmentada y que recibe respuestas simplistas para problemas complejos es, inevitablemente, más vulnerable a la propaganda y a la desinformación. Eso no significa que todos quienes votan por opciones de extrema derecha sean ignorantes, ni mucho menos, sería una caricatura tan simplista como los discursos que precisamente se pretende cuestionar, pero tampoco se puede ignorar que una sociedad con menor capacidad de comprensión crítica, constituye un terreno mucho más favorable para quienes construyen poder político sobre el miedo, las fake news, los enemigos imaginarios y las soluciones milagrosas.
Tal vez ahí esté una de las grandes discusiones que los resultados de PISA vuelven a poner sobre la mesa, porque educar no consiste solamente en preparar personas para conseguir empleo; educar también significa entregar herramientas para entender el mundo, para reconocer una mentira, para desconfiar de quien ofrece soluciones demasiado fáciles, para comprender que los problemas sociales rara vez tienen un solo culpable y finalmente, para votar sabiendo lo que se está votando.
La próxima evaluación PISA se realizará en 2028 y sus resultados serán publicados en 2029. La pregunta es si para entonces los gobiernos del mundo habrán entendido que el problema no es solamente que los jóvenes estén aprendiendo menos matemáticas o comprendiendo peor lo que leen; el problema es bastante más profundo. Una sociedad que deja de aprender, también comienza a perder la capacidad de pensar, y cuando eso ocurre, la democracia queda peligrosamente expuesta a quienes saben perfectamente cómo aprovecharse de la ignorancia.

