
La investigación liderada por el ingeniero forestal Rodrigo Vargas identificó que, aunque persisten ejemplares nativos de más de 200 años, la especie que define la identidad de la capital de La Araucanía ya no existe en su radio céntrico.
En una charla realizada en la Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales de la Universidad Austral de Chile, el académico de la Universidad de la Frontera, Rodrigo Vargas, presentó los resultados de un estudio sobre los árboles antiguos nativos de Temuco.
La investigación, organizada por el Laboratorio de Dendrocronología y Cambio Climático, arrojó una conclusión simbólica: en el área urbana de Temuco ya no quedan ejemplares de temu, la mirtácea que da nombre a la ciudad.
El estudio se basó en la etimología de la palabra Temuco, que en mapudungún significa «temus en el agua».
Según explicó Vargas, esta especie habría sido abundante en sectores que hoy ocupa la Plaza de Armas, debido a las condiciones pantanosas del terreno. Sin embargo, el análisis de 98 ejemplares distribuidos en la ciudad confirmó que el temu ha desaparecido del paisaje urbano, aunque todavía sobreviven otros habitantes centenarios como laureles, robles y olivillos.
Patrimonio vivo y resiliencia urbana
El equipo de investigadores recorrió la ciudad muestreando más de 200 árboles, logrando un registro exhaustivo de especies que han resistido el avance del cemento por más de 145 años.
El ingeniero forestal destacó que estos ejemplares pueden considerarse «patrimoniales», ya que además de sus atributos biológicos, poseen un valor cultural ligado a la memoria del territorio.
«A pesar de su baja abundancia, concentran funciones clave como el almacenamiento de carbono y la provisión de hábitat», expresó Vargas.
El estudio detectó árboles con edades que fluctúan entre los 90 y los 247 años, lo que significa que varios de ellos ya estaban en pie antes de la fundación de la ciudad en el año 1881.
Para el académico, estos hallazgos representan un legado biológico fundamental para la conservación. «Aún hay árboles que sobreviven en el entorno urbano y es importante pensar en cómo protegerlos en el futuro, considerando que han estado aquí más de 100 años», concluyó.