
Resulta difícil creer en la candorosa narrativa de los «errores del sistema» o los «desajustes algorítmicos» cuando estos fallos técnicos siempre terminan inclinando la balanza hacia el mismo lado del espectro político.
La reciente denuncia del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil encendió todas las alarmas en América Latina. En plena recta final del proceso electoral, Meta desactivó su página oficial de Facebook y suspendió la cuenta de anuncios publicitarios de Luiz Inácio Lula da Silva. ¿Coincidencia? Evidentemente no. Resulta difícil creer en la inocente narrativa de los «errores del sistema» o los «desajustes algorítmicos» cuando estos fallos técnicos siempre terminan inclinando la balanza hacia el mismo lado del espectro político, la derecha.
La realidad es cruda. El dueño de Facebook, Mark Zuckerberg, no opera en la neutralidad digital que Silicon Valley nos vendió durante años. Meta actúa hoy como una pieza clave alineada con la agenda política de la derecha estadounidense y los intereses intervencionistas vinculados a figuras como Donald Trump.
Lula reúne a cientos de miles de brasileños en las calles de Pernambuco mientras META bloquea su campaña en Facebook e Instagram.
— Julián Macías Tovar (@JulianMaciasT) September 26, 2026
Queda una semana para las elecciones en Brasil. pic.twitter.com/7JkqRQiGj5
Bloquear a Lula y al PT no es un accidente, sino una acción directa contra lo que Brasil representa, el último gran bastión de resistencia soberana en América del Sur.
Esta situación demuestra de forma fehaciente cómo los métodos de injerencia geopolítica de Washington en la región han evolucionado. Ya no se requieren tanques en las calles ni golpes de Estado tradicionales; los mecanismos contemporáneos son más perversos y silenciosos. Hoy, la presión económica, la censura mediática y la manipulación de la información como las noticias falsas o llamadas fake news se ejecutan desde plataformas digitales que operan como auténticos soldados de un ejército geopolítico. Lo vimos con Cerimedo en Chile y otros países.
El sesgo es evidente. Toda la infraestructura digital dominante está diseñada bajo marcos regulatorios y valores ideológicos estadounidenses. Bajo este esquema, mientras los contenidos y las pautas publicitarias de las propuestas progresistas sufren bloqueos y limitaciones con el pretexto de violar las «normas de la comunidad», las campañas de desinformación coordinada y los discursos de odio de la derecha conservadora se viralizan de forma masiva sin mayores contratiempos.

Este choque entre el gobierno brasileño y la élite de Silicon Valley responde a una disputa de mayor calado. Washington tolera cada vez menos que potencias regionales como Brasil o México apuesten por la multipolaridad, la integración sudamericana y el fortalecimiento de bloques multilaterales como los BRICS, proyectos que contravienen directamente la visión unipolar de la política exterior estadounidense.
Al limitar o eliminar el discurso político bajo la fachada de errores técnicos, las corporaciones tecnológicas ejercen un veto de facto. Deciden a discreción qué contenidos puede ver la ciudadanía y cuáles deben ser invisibilizados. La soberanía de los pueblos en el Siglo XXI ya no se defiende solo en las fronteras, sino frente al control total de los algoritmos que intentan dictar el destino democrático de nuestra región.
Amigable recordatorio:
— Guille Vidal (@eltemagv) September 28, 2026
Luego de que META bloqueó los anuncios de Lula en Facebook e Instagram, nos corresponde a toda la gente de bien el difundir el apoyo y el amor que la mayoría manifiesta en Brasil.
Las élites quieren imponer a Bolsonaro.
El pueblo dará el voto a Lula 🇧🇷 pic.twitter.com/Aguvbageya