
El cese de compra de materia prima para la temporada 2026-2027 afecta a productores de la zona norte regional, quienes deberán buscar alternativas ante el cierre del único poder comprador.
La reciente confirmación de la empresa Iansa respecto a la suspensión de la compra de remolacha nacional para la temporada 2026-2027 ha provocado un profundo impacto en el sector agrícola del centro-sur del país.
La medida, que pone fin al procesamiento de materia prima chilena para la producción de azúcar, afecta directamente la cadena de valor en La Araucanía, especialmente en las comunas de la zona norte.
Según informó la compañía, la decisión se fundamenta en los bajos precios internacionales del azúcar de caña, los altos costos de producción locales derivados del alza en insumos y energía, y las pérdidas financieras que alcanzaron los US$ 44 millones durante el año 2025. Con este giro, Iansa transitará hacia un modelo de negocio basado en la importación y refinado de azúcar cruda extranjera.
El impacto en la zona
Si bien el núcleo del cultivo se concentra en las regiones de Ñuble y el Maule, La Araucanía aportaba históricamente entre el 5 y el 8 por ciento de la superficie nacional contratada. En la última temporada, esto se tradujo en una superficie que rondaba las 400 a 600 hectáreas, localizadas principalmente en Renaico, Angol y Collipulli.
La participación regional se mantenía en estos márgenes debido a la distancia logística con la planta de San Carlos y la fuerte competencia de cultivos como el raps, el trigo y los frutales. No obstante, para los agricultores que mantenían la remolacha como una alternativa de rotación, el anuncio representa la desaparición definitiva de un rubro estratégico.
El gremio liderado por el presidente de la SNA, Antonio Walker, ha calificado la situación como crítica, solicitando a la empresa postergar la medida por una temporada para permitir una transición menos abrupta.
La medida no solo impacta a los dueños de predios, sino que rompe una cadena que incluye a transportistas y operarios de servicios agrícolas, marcando el fin de una tradición industrial de siete décadas en los campos del sur de Chile.