
La decisión generó duras críticas desde el Congreso por la falta de transparencia del proceso y el distanciamiento de la política exterior multilateral histórica del país.
El Ministerio de Relaciones Exteriores informó que Chile se incorporará al Escudo de las Américas, una alianza internacional impulsada por el líder del régimen de Estados Unidos, Donald Trump, para supuestamente combatir el crimen organizado, frenar la migración ilegal y reducir la injerencia de potencias extranjeras en el hemisferio que pongan en peligro la hegemonía de EE.UU. En definitiva, Chile pasa oficialmente a ser parte del patio trasero del imperio del norte.
El anuncio profundiza la alineación estratégica de la política exterior nacional con la agenda de Washington, en un gesto que diversos analistas y parlamentarios interpretan como una consolidación de Chile dentro de la zona de influencia directa norteamericana, situándolo cada día más como parte del patio trasero de Estados Unidos.
El hito se dio a conocer tras la intervención de José Kast en la edición número 81 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Durante la cita internacional, Trump amenazó abiertamente a Latinoamérica con hacer uso de su poderío militar si percibe amenazas a los intereses de su país.
Frente a los cuestionamientos, Kast aclaró que no existe un tratado formal que vulneración de la soberanía o de la institucionalidad nacional, detallando que la iniciativa contempla la coordinación y la adhesión de los 15 países integrantes a líneas de acción conjuntas en materia de seguridad.
La alianza, creada en marzo de este año, reúne principalmente a gobiernos de extrema derecha en la región, entre los que se cuentan Argentina, El Salvador, Ecuador, Costa Rica, Perú y Paraguay, y enfoca sus esfuerzos en 25 organizaciones delictivas transnacionales, incluyendo al Tren de Aragua, el Cártel de Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa.
Según la Cancillería chilena, la medida busca complementar el trabajo del Compromiso de Santiago contra la delincuencia organizada mediante el intercambio de inteligencia militar e intervenciones coordinadas.
Sin embargo, la decisión generó duras críticas desde el Congreso por la falta de transparencia del proceso y el distanciamiento de la política exterior multilateral histórica del país.
El diputado Gonzalo Winter (FA) cuestionó que la adhesión se anunciara sin informar previamente al Poder Legislativo ni a la ciudadanía. Asimismo, advirtió sobre las exigencias que conlleva esta alianza opaca, recordando que en encuentros continentales anteriores las autoridades de defensa estadounidenses han presionado a los países firmantes para retirarse de la Corte Penal Internacional.
Por su parte, el senador Vlado Mirosevic (PL) señaló que, si bien la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado es prioritaria, la iniciativa aparenta ser más un espacio de afinidad ideológica (de extrema derecha) con el régimen estadounidense que una herramienta de cooperación técnica efectiva.
Las críticas apuntan a que este alineamiento sin condiciones consolida una relación de subordinación geopolítica en la que Chile cede autonomía estratégica, reabriendo el debate sobre el rol de la soberanía nacional frente a las presiones de Washington en el continente.