
En medio de la debacle por la cancelación de los conciertos de la banda surcoreana BTS en el Estadio Nacional, la ministra Natalia Duco enfrentó la crisis de la mano de un asesor espiritual que le leyó textos religiosos de madrugada. Una muestra más del insólito estándar de la actual administración.
A estas alturas del partido, la capacidad de asombro frente a la gestión de las actuales autoridades parece una competencia de atletismo donde la valla cada vez se coloca más abajo. El último hito de la administración pública no proviene de un sesudo comité de crisis ni de una brillante estrategia de contingencia política, sino del plano espiritual.
Un reportaje de The Clinic reveló que, en el peor momento de la crisis por la negativa del Instituto Nacional del Deporte (IND) a facilitar el Estadio Nacional para los conciertos de la banda coreana BTS, la ministra del Deporte, Natalia Duco, buscó refugio y calma en la madrugada. Pero no lo hizo repasando minutas técnicas o planes de contingencia, sino escuchando a su asesor Silvio García, apodado internamente como «el chamán», quien le leyó textos motivacionales religiosos para tranquilizarla tras el partido de rugby entre Chile y Rumania.
El misticismo como política de Estado
El episodio retrata con precisión quirúrgica el nivel de improvisación que impera en los pasillos gubernamentales. Mientras miles de fanáticas del grupo, conocidas como ARMY, repletaban las calles de Santiago exigiendo explicaciones y la permanencia del evento de octubre en el principal coliseo del país, en la interna ministerial la estrategia se encomendaba a las fuerzas celestiales.
La insólita escena de madrugada ocurre justo cuando la exdeportista y hoy secretaria de Estado figura como una de las integrantes peor evaluadas del gabinete, según encuestas recientes como Cadem. Su gestión, que ya tambaleaba por un errático manejo comunicacional, ahora suma un componente místico que despierta tantas risas como resignación en el mundo político.
Un laberinto de lobby y fiscalizaciones
La polémica comenzó cuando el IND cerró las puertas del Estadio Nacional para las tres fechas de BTS (14, 16 y 17 de octubre), escudándose en el cuidado del césped. Ante la presión social, el Gobierno tuvo que recular y abrirse a una nueva evaluación técnica con la productora DG Medios.
Para empeorar el panorama de la ministra del Deporte, el Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) inició una fiscalización por la venta anticipada de entradas, arrastrando a la luz pública una reunión de lobby registrada en marzo entre la ministra Natalia Duco y la productora del evento, justo el mismo día en que se anunció la comercialización de los boletos.
Con el agua hasta el cuello, la Contraloría acechando y las fanáticas de BTS en pie de guerra, queda claro que la ministra necesitará mucho más que las lecturas dominicales de su «chamán» de cabecera para salvar una gestión que, por ahora, solo parece encomendada a un milagro.