
La declaración suscrita por José Kast va más allá de la lucha contra el crimen organizado y plantea revisar inversiones, proteger cadenas de suministro de minerales críticos y establecer reglas para proveedores de infraestructura digital. Todo esto ocurre mientras China concentra más de un tercio del comercio exterior chileno.
Hay algo que no cuadra entre la forma en que en Chile se presentó la adhesión al llamado Escudo de las Américas y el contenido completo de la declaración conjunta suscrita por nuestro país.
La iniciativa fue presentada fundamentalmente como un mecanismo de coordinación para enfrentar el crimen organizado y el narcotráfico. Sin embargo, el documento firmado por los países participantes establece tres pilares: economía, seguridad y coordinación multilateral. Y es precisamente en el primero de ellos donde aparece una dimensión que abre interrogantes para Chile.
Trump habló de recursos naturales y potencias externas
Durante su intervención ante los países que participan del Escudo de las Américas, el líder del régimen de Estados Unidos, Donald Trump, planteó que las naciones del hemisferio deben impedir que potencias externas hostiles (para ellos) controlen recursos y activos estratégicos de la región.
En ese contexto, Trump mencionó temas que a nosotros se nos ha ocultado, ámbitos como la energía, las tierras raras y los corredores comerciales, en una coyuntura marcada por la competencia económica, tecnológica y estratégica entre Estados Unidos y China.
El documento suscrito posteriormente no menciona a China como destinatario específico de estas medidas, sin embargo, sí plantea acciones destinadas a examinar mecanismos de revisión de inversiones, proteger las cadenas de suministro de minerales críticos mediante fuentes diversificadas y confiables, y promover regulaciones para proveedores considerados confiables en infraestructura digital, siempre bajo el principio de aplicación no discriminatoria, es decir, el Escudo de las Américas no se limita a policías, inteligencia y narcotráfico, también entra en el terreno de la economía, las inversiones, la tecnología y los minerales estratégicos.

¿Por qué esto importa especialmente a Chile? Porque China no es un socio comercial cualquiera para nuestro país. De acuerdo con cifras de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (SUBREI), durante 2025 China concentró el 33,3% del intercambio comercial total de Chile y el 36,8% de sus exportaciones, manteniéndose como el principal socio comercial del país.
Y hay otro dato especialmente relevante. China fue el destino del 67% de las exportaciones chilenas de litio durante 2025. El mismo informe de SUBREI señala que Asia, en conjunto, concentró el 95% de los envíos chilenos de litio. Por eso, cuando un documento internacional habla de diversificar las fuentes de suministro de minerales críticos y de establecer mecanismos para examinar inversiones extranjeras, la discusión adquiere una importancia particular para Chile.
Hay que hacer una precisión importante. La declaración del Escudo de las Américas no establece que Chile deba romper relaciones comerciales con China, ni señala expresamente que las inversiones chinas deban ser excluidas, lo que sí hace es expresar la intención de los países participantes de explorar mecanismos de revisión de inversiones y de resguardar cadenas de suministro estratégicas mediante fuentes diversificadas y confiables.
La diferencia no es menor. Por ahora, se trata de una declaración conjunta de intenciones y no de un tratado que, por sí mismo, establezca una obligación automática de excluir a empresas de determinados países, de hecho, desde el Gobierno chileno se ha señalado que la adhesión al Escudo de las Américas no constituye un tratado formal y que su objetivo está centrado en la coordinación frente al crimen organizado y el intercambio de información, pero el contenido económico del documento igualmente existe y plantea preguntas que hasta ahora han recibido menos atención pública.
Chile ya está profundizando su relación con Estados Unidos en minerales críticos, además, el Escudo de las Américas no aparece aislado. En marzo de 2026, Chile y Estados Unidos suscribieron una declaración conjunta para establecer consultas sobre minerales críticos y tierras raras, señalando que el suministro de estos recursos es relevante para la seguridad nacional y las industrias comerciales de ambos países.
En abril, ambos gobiernos anunciaron además acuerdos destinados a fortalecer la cooperación en minerales críticos y seguridad, incluyendo el impulso de cadenas de suministro resilientes. Chile, por lo tanto, está desarrollando simultáneamente una agenda de cooperación con Estados Unidos en un área que se encuentra en el centro de la competencia económica y tecnológica internacional y al mismo tiempo, China continúa siendo nuestro principal socio comercial y el principal comprador del litio chileno.
Seguridad: el otro componente del acuerdo
La dimensión de seguridad también es más amplia que una simple cooperación policial. La declaración plantea fortalecer el intercambio de información e inteligencia, la cooperación policial y las medidas destinadas a combatir organizaciones criminales transnacionales, además, contempla mecanismos de coordinación multilateral y plantea solicitar una reunión de consulta de la Organización de Estados Americanos para evaluar mecanismos contemplados en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.
Esto no significa que Chile haya autorizado automáticamente el ingreso de tropas estadounidenses al país ni que la declaración equivalga a una autorización para operaciones militares, pero sí muestra que el documento contempla una dimensión de coordinación hemisférica en materia de seguridad que va bastante más allá de compartir información policial.
La pregunta que queda sobre la mesa
El punto central, entonces, no es afirmar que Chile haya decidido abandonar a China ni que la adhesión obligue automáticamente a hacerlo. La pregunta es otra: ¿Hasta dónde llegará el alineamiento estratégico de Chile con Estados Unidos en materias de inversiones, tecnología y minerales críticos? y particularmente, ¿cómo se compatibilizará ese proceso con la enorme relación económica que Chile mantiene con China?
El Gobierno tiene elementos para entregar una explicación detallada. Qué mecanismos de revisión de inversiones se pretende explorar, qué se entenderá por cadenas de suministro estratégicas, qué papel tendrán los minerales críticos chilenos y cuáles serán los límites de la cooperación en materia de infraestructura digital, porque detrás de las declaraciones diplomáticas y de la lucha contra el crimen organizado hay una discusión bastante más concreta.
Quién invierte en Chile, quién compra nuestros minerales, quién controla las cadenas de suministro, y con qué potencias decide Chile profundizar su relación estratégica. Eso ya no es solamente política exterior, también es economía chilena.

